Cumplimiento: el factor que marca la diferencia

El rendimiento visual y la comodidad influyen en el cumplimiento del paciente y es el pilar fundamental del cuidado de la miopía.[1] Por ejemplo:

  • En lentes de contacto blandas, utilizarlas menos de cinco días por semana reduce prácticamente a cero su beneficio.
  • En gafas, los niños con miopía baja tienden a retirarlas en tareas de cerca, disminuyendo su efecto.
  • La ortoqueratología genera un cumplimiento casi automático: si no se usa, la visión diurna empeora, lo que motiva a seguir el tratamiento.
  • La atropina requiere una implicación activa de la familia, ya que no aporta una mejora visual inmediata.

 

Calidad de vida: bienestar visual y emocional

El cuidado de la miopía no solo corrige la visión: influye en la autoestima, la autonomía y la participación social del niño. La literatura científica muestra que las lentes de contacto —tanto blandas como Orto-K— mejoran la percepción de apariencia física, la práctica deportiva y la aceptación social frente a las gafas. [2] En términos de calidad de vida relacionada con la visión, la ortoqueratología suele situarse en primer lugar, seguida de las lentes de contacto blandas y, por último, las gafas.

 

Seguridad: garantía para pacientes y familias

Todas las opciones actuales presentan perfiles de seguridad sólidos. Las lentes blandas diarias muestran un riesgo muy bajo de queratitis microbiana, especialmente en población pediátrica. La ortoqueratología presenta un riesgo algo mayor, pero sigue considerándose segura con una adecuada higiene y seguimiento. [3]

 

Calidad visual: el corazón de la experiencia del paciente

La calidad visual es el elemento que más influye en que un niño quiera seguir utilizando su tratamiento. Las lentes de contacto blandas se mueven con el ojo, manteniendo una visión estable en todas las direcciones de mirada. Más del 90% de los niños reportan ver “muy bien” o “bien” en actividades cotidianas. La ortoqueratología ofrece libertad durante el día, con una ligera reducción de sensibilidad al contraste en baja iluminación, generalmente bien tolerada. Aunque todos los métodos ópticos pueden afectar ligeramente la sensibilidad al contraste, las diferencias suelen ser pequeñas y no clínicamente significativas.[4]

 

Un paciente, una estrategia

El cuidado de la miopía requiere mirar más allá de la graduación y de los indicadores clínicos tradicionales. La experiencia visual del niño/a —cómo percibe su entorno, cómo se desenvuelve en sus actividades y cómo se siente con la opción elegida— debe ocupar un lugar central en la toma de decisiones. Escuchar activamente sus sensaciones, implicar a la familia y valorar tanto los resultados objetivos como la percepción subjetiva permite seleccionar la alternativa que mejor se adapta a su día a día.

 


[1] Bullimore MA, Jong M, Brennan NA. Myopia control: Seeing beyond efficacy. Optom Vis Sci. 2024 Mar 1;101(3):134-142.

[2] Lipson MJ, Boland B, McAlinden C. Vision-related quality of life with myopia management: A review. Cont Lens Anterior Eye. 2022;45(3):101538. doi:10.1016/j.clae.2021.101538

[3] Wolffsohn J, et al, BCLA CLEAR – Evidence-based contact lens practice. Contact Lens and Anterior Eye, 44, 368-397

[4] Janarthanan, S.D., et al. Exploring the impact of optical corrections on visual functions in myopia control–a scoping review. Int Ophthalmol 44, 47 (2024)

 

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